martes, 16 de diciembre de 2008

XV

Los 12 de Abril son un día en que la familia Gutiérrez voltea al extremo el nido familiar para complacer las exigencias y elevado estado de confort de Abril, la única hija de José Gutiérrez y Clara Salas. Ellos dos le pusieron así a su hija, al buscar en la habitación nombres que se alinearan al destino, probaron primero con Methergine, un medicamento que se usa para el sangrado post parto, con Gama, de Medigama que era la marca provedora de camas de hospital y de esa manera prosiguieron con todas las palabras vistas en el cuarto hasta que vieron el calendario y lo demás es cuestión de ensamblar.

El día 12 de Abril número quince para Abril todo estaba listo y en las manos correspondientes para que fuera un éxito en la gala de la noche; ella ya no exigía nada y era algo justo después de aproximadamente 7 u 11 caprichos por día los últimos 15 años, hagan la cuenta. De todas maneras la pequeña andaba ahí con la presencia ácida de siempre y lanzando comentarios cítricos deshumanizados a quienes le rodeaban, porque si, en su nada vasto territorio, todo la rodeaba y era el centro de atención, como un sistema solar forzado, como si Saturno, Júpiter, Marte y demás por falta de opciones y por necesidad tuvieran que complacer la existencia de un sol que brilla de mierda, solo por la plata, la necesaria plata, pero que se le hace, pobres planetas, lo glacial no le hace bien a nadie. Por su parte mientras Abril idealizaba su entrada magna con todos alabándola, Clara Salas, la madre, se realizaba los tratamientos necesarios para no asustar a la sociedad con su natural apariencia madreada por intervenciones quirurgicas y convivencia excesiva de químicos. Todo era tensión en el aire, una delgada linea que solo Abril podía romper, hasta ese momento.

Afuera, en un balcón, José Gutiérrez fumaba un cigarrillo, con la mano izquierda apoyada del barandal y la otra humeando, la vista desde su posición daba al jardín donde seria la elegante farsa de XV aniversario. Con el estomago presionado al borde de explotar, pensaba en el instante donde su vida se vio truncada por el nacimiento de Abril, como el amor incondicional se vió manipulado, forzado, ultrajado todos estos años, como se había vuelto simple proveedor materialista y todos los sueños personales tenían ya década de muertos. Por primera vez veía claro, al mirar la escultura de hielo de su hija en tamaño real, la rueda de la fortuna, al presuntuoso-famoso dj, el carrousel, los elefantes, la carpa donde seria la fiesta ambientada en un circo que a su vez, no pudo ser mejor metáfora; pensaba, recapitulaba, sentía asco, acomodaba las piezas, recordaba, seguía viendo el batallon de meseros, quería vomitar, pero la presión se hacia menos, toda esa sensación de obligación de satisfacer los deseos de Abril se derretía a velocidades increíbles, respiraba y no a cuestas de Abril, escuchaba a lo lejos los quejidos de ella y su esposa, sus venas se llenaban de un coraje que rara vez es difícil expresar en palabras.

Llegó la noche, todo listo, todo lo podrido debidamente adornado, las muecas falsas y códigos de etiqueta hipócritas debidamente acomododados, no faltaba nada. -Luces diferente- le decían a José en la recepción la mayoría de los invitados que llegaban, y su esposa Clara envidiaba esos comentarios, no podía aceptar la idea de que después de tantas horas de maquillaje, tratamientos, spa, botox, gimnasio, sauna, estiramiento facial (englobando todo en una palabra: embalsamiento) no fuese ella el centro de la atención y no hubiera siquiera un comentario dirigido a su cambio de tinte de castaño caoba a pelirojo fuego, que tanto pesar le causó en la decisión. La velada transcurrió normal, nada trascendente, el ego de Abril se desbordaba, un monstruo enorme. José Gutiérrez, se veia tranquilo y relajado, durante la cena, desde la mesa de honor seguía observando todo, con los diálogos internos reveladores, su mirada había cambiado, las cejas se arqueaban, una serenidad temible, no era el mismo.

Hora del discurso, silencio, todos mirando el stage y a José, sigue el silencio, Abril no pone nada de atención y le molesta que no la vean a ella, continua el silencio, comienza la gente a murmurar, -¡Ya que diga algo!-, -Que hable-, -Dejenlo, es la emoción de ser padre y ver a su niña crecer-, -Que pena con el, nunca lo había visto así-,-Seguro esta reteniendo el llanto-, -Ya, por amor de Dios que diga felicidades y se baje-. Él saca de la bolsa interna del smoking un papel arrugado, lo mira y después de verlo de reojo lo tira, ve a todos, de nuevo con esa serenidad que se teme, entonces acerca la boca al micrófono:

-Eem, este es un día especial, mucho muy especial, debo decir, a pesar de que hasta ahora este diciendo estas sinceras, purificantes palabras, hoy es un día bendito, si... me siento feliz de poder estar aquí, enfrente de la mesa donde están mi esposa e hija, aquí contento y acompañado de todos ustedes, porque quiero ver como caen los cristales cuando se caiga este teatro, espero que hayan disfrutado el vino y todo lo demás que salio de mis costillas, porque esto ya no será así nunca más, oh si cariño, re-be-la-ción. Esta es una maldita liberación, por cierto, retoño... felices quinces, espero que hayas disfrutado todo lo que papi te dió hasta ahora, no tienes que dar gracias, nunca lo has hecho princesa y hoy es un día bendito, si cariño, hoy ya no habrá más ponies, ni para ti, ni para tu ma, ni para mi, aleluya!-

BANG
BANG
BANG y la familia Gutiérrez Salas extinta.

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